Podemos definir a la curiosidad como el deseo o interés por conocer lo que no se sabe.  Dentro de la familia de la curiosidad podemos mencionar otras emociones como la sorpresa, la inquietud el sobresalto, la alerta. El aburrimiento también puede ser asociado a la curiosidad.

La curiosidad no es sólo un estado afectivo, explican Jaume Soler y Mercé Conangla en su libro Ecología Emocional, aunque pueda ser su inicio. Es un estado mental de apertura a lo que tenemos alrededor ó en nuestro interior y la base donde reside el aprendizaje. Según dice José Antonio Marina en su Diccionario de los sentimientos, la palabra curiosidad procede del latín cura que significa inquietud.

¿Para qué sirve la curiosidad?

La curiosidad es una de las llaves del aprendizaje. El arte, al igual que la ciencia nace de la perplejidad y la interrogación. La educación de una persona dura mucho tiempo y en cada etapa hay contenidos que deben ser asimilados. Es importante vivir cada etapa con intensidad, para mantener viva la sorpresa y la curiosidad.

Educar la curiosidad en los chicos

“Aprender a vivir es aprender a mirar con ojos nuevos, los paisajes de cada día”

Educar la curiosidad, será una tarea fundamental si queremos que los chicos encuentren actividades que les den satisfacción y les permitan poner en acción sus fortalezas. Si queremos también que disfruten de aprender. Muchas veces, el tan temido aburrimiento, tiene que ver con que no enseñamos a los chicos a ver y a descubrir su entorno, sus fortalezas, sus intereses. Sólo les enseñamos a recibir estímulos pasivamente, a consumir estímulos, a devorarlos. Cuando se trata de involucrarse en una actividad diferente, que requiere cierto esfuerzo y atención para el logro de una meta, prefieren no hacerlo y dicen «es aburrido». Educar la curiosidad y cuidarla, es un gran desafío para prevenir depresiones y conductas destructivas.

¿Qué podemos hacer para favorecer la curiosidad en los niños?

Incrementar las emociones positivas en la familia. Martín Seligman, creador de la corriente de la psicología positiva postula «las emociones positivas, conducen a la exploración y a ejercitar nuestras fortalezas personales, lo cual conduce a más emociones positivas y al descubrimiento de más fortalezas personales». Algunas acciones concretas que podemos llevar a cabo son:

  • Los mejores momentos: Antes de dormir, preguntar al niño ¿qué fue lo mejor que te pasó en el día? Y que también nosotros le contemos experiencias positivas que no tienen por qué ser excepcionales: Bastará que les contemos algo cotidiano que nos haya resultado agradable como comer una rica fruta ó volver caminando del trabajo.
  • Que los chicos nos vean a los adultos entusiasmados y apasionados en algo. Si sólo les hablamos de obligaciones, si ven que nuestro trabajo es sólo una pesada carga cotidiana, no seremos un buen espejo para favorecer en ellos una actitud de búsqueda.
  • Encontrar lo propio y particular de cada uno. No comparar sino por el contrario, diferenciar a cada hijo, descubriendo sus particularidades.
  • Fomentar que tengan hobbies, apoyar sus intereses.
  • Enseñarles a mirar y ponerse en contacto con las maravillas de la vida: el cielo azul, un bebé riendo, la música, una flor, etc

Fomentar la perplejidad y la admiración: Jaume Soler y Merce Conangla dicen en su libro Ecología Emocional que fomentar la perplejidad generará la energía necesaria para hacer preguntas que nos pueden conducir a nuevas preguntas Qué extraño! Fijate en esto! Qué curioso! Qué maravilla! ….puntos de partida que nos van a llevar al siguiente paso en el camino del descubrimiento. La curiosidad supone apertura mental y no conformarse con lo que nos dicen. Es preguntar el porqué y el sentido de las cosas; es querer aprender y saber; es explorar.

  • Procurar que tengan juguetes que le permitan explorar y no aquellos que “le dan todo servido”. Los juguetes de madera, bloques de construcción, juguetes para recrear actividades cotidianas ( set de cocina, caja de herramientas ), ropa y telas para disfrazarse, artículos de arte pueden ser algunas opciones. Por otro lado, es positivo que tengan materiales que descartamos en casa, que les permita inventar juegos y construir como cajas de cartón, envases, lana, telas.
  • Procurar un tiempo de calma para explorar lo cotidiano con otros ojos, poder detenernos a observar el cielo, la forma de las nubes, una flor y enseñarles a los chicos a reparar en esos paisajes de cada día.
  • Fomentar la pregunta: el simple hecho de preguntar amplía nuestro mapa de situación y comprensión, aunque no sepamos cuál es la respuesta a nuestro interrogante. Hagamos que los chicos se pregunten y nos pregunten, como un ejercicio para estimular el pensamiento y la exploración. Estimulemos que hagan “preguntas locas”, para divertirse, para imaginar, para crear. El poeta Pablo Neruda, tiene un libro que se llama “Las cien preguntas de Neruda”. Este libro fue publicado luego de la muerte del escritor y recopila cien preguntas poco convencionales, preguntas poéticas, que el autor había recopilado a lo largo de los años en un cuaderno. Preguntas del estilo ¿Dónde está el niño que fui, murió ó vive adentro de mi? Ó ¿ si todos los ríos son dulces, de dónde saca la sal el mar?. Jugar con ese tipo de preguntas con los chicos, puede ser una muy buena manera de imaginar, crear y divertirse.
  • Favorecer programas y paseos que no estén centrados en consumir sino en conocer y ampliar sus experiencias como por ejemplo una visita a un museo, a un parque ó plaza, a una biblioteca, a un barrio diferente, andar en un medio de transporte que no andan habitualmente, etc.
  • Los viajes en familia pueden ser una muy buena ocasión para ejercitar en los chicos la curiosidad. NO es necesario recorrer grandes distancias ni hacer programas que cuesten mucho dinero. Un paseo de fin de semana, puede ser una ocasión para que en el camino les mostremos animales, carteles, campos sembrados, etc. Enseñarles a conectarse con las maravillas de la naturaleza y no que todo el viaje transcurra mirando la pantalla de una tablet. Para eso se necesita un adulto disponible a conversar a mirar y a descubrir.

Como afirman Jaume Soler y Mercé Conangla  «educar la curiosidad y cuidarla como un material precioso es una gran reto y una forma de prevenir las depresiones y las conductas destructivas. La vida está llena de sufrimiento y también llena de maravillas, tenemos que enseñar a los chicos a verlas, a encontrarlas».

 

Lic. Cecilia Marino