Sobrecargados de estímulos y de actividades, los niños y adolescentes muestran signos de estrés y agotamiento a edades muy tempranas. Trastornos del sueño, dificultades para concentrarse, hiperactividad, apatía, dolores de cabeza frecuentes, son algunos de los signos que vemos en  estos chicos hiperconectados e hiperestimulados.

Con agendas tan sobrecargadas como las de sus padres, no tienen tiempo ni permiso para aburrirse. “Yo le digo a mi hijo que la vida es una carrera y que no se puede perder el tren”, comentaba un padre de un niño de cinco años, refiriéndose a los consejos que le daba a su hijo para que tuviera una actitud más atenta y concentrada en el jardín de infantes. Así es como muchos padres se empeñan en que sus hijos vayan a tal ó cual colegio ó que estudien una segunda lengua (a pesar de que su punto flojo sea el aprendizaje de la lectura y escritura en su lengua materna), sólo porque “saber inglés es importante para su futuro”.

Niños escolarizados por más de ocho horas diarias y que luego de la escuela siguen con actividades de apoyo escolar, terapias, idiomas, etc, son algunas postales de esta sobrecarga.

Junto con esta realidad, crecen de forma alarmante los diagnósticos en niños con cuadros de ansiedad, fobias, déficit de atención e hiperactividad y junto con ello los niños medicados con una amplia gama de psicofármacos. Distintos profesionales de la salud mental y la educación, han iniciado un movimiento en contra de la “medicalización y patologización de la infancia” y proponen desterrar las etiquetas y tener una comprensión de la situación global del niño, su familia y el contexto más amplio , a la hora de hacer un diagnóstico.

 Favorecer el equilibrio entre el tiempo de estudio, el tiempo de ocio y el tiempo dedicado a socializar con otros, es también una responsabilidad de los padres a la que no podemos renunciar, si queremos cuidar la salud física y emocional de nuestros hijos.

Van aquí algunos tips que nos pueden ayudar:

  • Favorecer que los chicos se organicen de modo que el tiempo de la tarea escolar sea corto y conciso, evitando abordar la tarea escolar en “circunstancias dramáticas” (a última hora del día, haciendo en casa lo que los chicos tendrían que hacer en el colegio, etc).
  • Evitar “estar siempre apurados” y establecer rutinas y rituales saludables como por ejemplo que se levanten con tiempo para desayunar, que los busquemos a tiempo en la escuela, que se facilite el buen descanso.
  • Limitar el tiempo frente a las pantallas y evitarlas dos horas antes de irse a dormir para facilitar el buen descanso.
  • Favorecer que tengan espacios de juego libre, dónde puedan desplegar su imaginación, sin órdenes ni consignas.
  • Limitar las actividades extraescolares y favorecer que tengan tiempo para “ no hacer nada”
  • Estar atentos a los signos que nos muestran los chicos respecto de cómo se sienten en el colegio, conversar con ellos y con sus maestros para ver la mejor forma de acompañarlos.

Lic. María Cecilia Marino